El Centro de Estudios Demográficos Urbanos y ambientales (CEDUA) del Colegio de México, en el marco de Seminarios de investigación del Doctorado en Estudios de Población, el pasado 02 de octubre del 2020 contó con la participación de Massimo Livi Bacci, profesor italiano experto en demografía y demografía histórica.
Este taller titulado Las pandemias en la historia de la población: la influenza española y la COVID-19, se desarrolló a partir de dos textos, uno de los cuales de reciente publicación titulado L’Ospite inatteso -El invitado inesperado- tuve la grata oportunidad de poder comentarlo. A continuación, comparto estos comentarios.
El primero de enero de este año iniciábamos con la mejor energía, alguien, mientras brindaba, decía “2020, ¡sorpréndenos!… y vaya, sí que nos sorprendió. (Moraleja: Ya sabemos que NO debemos pedir para el 2021).
En nuestro léxico cotidiano se incorpora una palabra, PANDEMIA, palabra que puedo imaginarme, también fue muy utilizada en la última pandemia de la Gripe española, hace un poco más de 100 años.
El autor del texto titulado el invitado inesperado, razón por la que nos encontramos reunidos virtualmente, en una primera parte nos invita a recapitular los hechos que acompañaron desde los inicios de la aparición de un nuevo virus, el SARS-CoV-2 que causa el conocido Covid-19. Iniciándose en una población, para nosotros, al otro lado de mundo, en Wuhan, China por el mes de diciembre.
La propagación de este virus fue muy rápida, situación que también se refiere el autor en líneas más abajo, y dado que en varios países se reportaban personas infectadas con el virus, es recién el 11 de marzo que la OMS declara esta situación como PANDEMIA, después de varios miles de personas en situación de salud delicada y muchos fallecimientos.
Esta declaración de Pandemia, el autor se refiere como una definición puramente burocrática-taxonómica, pero esto generó una demora en las respuestas, en plural, ya que se vieron diversidad de ellas:
- En Reino Unido y Estados Unidos, la respuesta fue muy laxa, bajo la idea que con la inmunidad de la manada no se tendrían muchas bajas humanas y su economía no se vería afectada. Habría que evaluar esta decisión, con cerca de 42 mil 300 y 208 mil personas fallecidas, respectivamente.
- Suecia optó por una medida intermedia, apoyándose en su buen sistema de atención sanitaria y el espíritu cívico de su población. (5 mil 900 fallecimientos).
- Llama la atención el caso de Alemania, que, por sus características de alta movilidad interna e internacional, elevada densidad poblacional, reportando una de las más bajas mortalidades por cada 100.000 habitantes
- Por otro lado, en el continente americano, en la mayoría de los países se optó por el confinamiento estricto, “Cuarentena”, que en algunos casos sigue después de 6 meses, como el caso de la Argentina.
Por otra parte, se reconocen muchos avances en el ámbito de la salud: antibióticos, vacunas, como también en la higiene pública, factores que han intervenido en la creciente longevidad.
Hemos pasado por varios eventos de salud como el SIDA, Ébola, Dengue, pero de alguna manera los hemos librado, demostrándonos que estábamos preparados para este tipo de eventos. Pues no, no habíamos estado preparados. Con la llegada del virus del Covid-19, el cual tiene un comportamiento diferente a virus de la misma naturaleza, los científicos y sistemas de salud no supieron responder.
En la búsqueda de algunas respuestas, se acudió a la historia, estableciendo comparación del comportamiento entre el Covid-19 y la Gripe española, estableciéndose similitudes en cuanto a al contagio y letalidad, y, como marca el autor, diferencias en cuanto a las características de las víctimas y el número, viéndose que afectó más a personas con edades entre 20 y 50 años.
Hago una pausa para analizar este último resultado. En el caso italiano, el efecto de la Gripe Española fue a personas de entre 20 y 50 años. Y en el caso del Covid-19, el efecto se lo vio, mayormente, en personas mayores siendo que la edad media de los pacientes fallecidos es de 80 años. Algo similar se puede observar en los fallecidos en España, siendo la edad media de 86 años. Y este comportamiento se replicó en varios países de Europa. De ahí que sale una corriente informativa, mencionando que este virus ataca a los “viejos”, “ancianos”, “abuelos” y otras denominaciones edadistas y que mal se refieren a las personas mayores.
De esa manera, el virus llega al continente americano, acompañado de esta percepción. De ahí, que las medidas de resguardo que los diferentes gobiernos adoptaron, inicialmente estaban referidos a precautelar la salud de las personas mayores, que no dudo que están en mayor riesgo, pero cuando empezaron a aparecer casos en personas de entre 40 y 50 años, y posteriormente casos en personas jóvenes, inclusive niños, y algunos casos de recién nacidos. Se observa que la edad media de las personas fallecidas por Covid-19 en México es de 62.5 años y 65 años para el caso de Perú. Entonces esta perspectiva del Virus que ataca únicamente a las personas mayores se derrumbó. Y ¿esto por qué?
En reunión de demógrafos en España, se analizaba esta situación y se vio que una de las razones se encuentra en la diferencia de los arreglos residenciales, que, en Europa, y de acuerdo con los últimos perfiles de envejecimiento elaborados por las Naciones Unidas (2019), se observa que, tanto en España, Italia y China, el arreglo residencial de las personas mayores es mayoritariamente unipersonal o vive con su pareja. A diferencia de la mayoría de los países del continente americano, en el que en los hogares viven familias extendidas.
Y, por otro lado, las estructuras poblacionales, nuevamente tomando como ejemplo a China, Italia y España, son estructuras envejecidas, a diferencia de las estructuras de la mayoría de los países del continente americano. Esto tiene implicancia sobre la exposición al riesgo en cuanto el aprovisionamiento, la realización de actividades cotidianas (por mencionar algunas), que afectaron más a las personas mayores como en los países del ejemplo, pero afectaron a personas de menor edad que son los que estuvieron más expuestos al riesgo, como en el caso de los países del continente americano.
Por último, y para ir cerrando, el autor se refiere a dos falsos culpables.
Por un lado, al desarrollo, dado un crecimiento poblacional que se aproxima a los 8 mil millones y a la intrusión humana en los equilibrios naturales por las actividades productivas y consumistas se puede pensar que es la razón de la aparición de este virus, pero históricamente se observa la interacción de los humanos con la naturaleza como origen de la mayoría de las enfermedades transmisibles.
Ante esto, en declaraciones del Director General de la Organización Mundial de la Salud, OMS, confirmó que el origen del Covid-19 se desarrolló de manera natural, lo que, de ser cierto, debemos estar conscientes que en cualquier momento puede surgir otro virus.
Y, por otro lado, la globalización, que en la actualidad los virus puedan desplazarse muy rápido, pero esto se vio con otras enfermedades de hace muchos años atrás. Además del manejo de la información, que en la actualidad se hace referencia a un término, la Infodemia, haciendo alusión a una pandemia de (mucha) información o desinformación.
Yo creo que el tener la posibilidad de acceder a información es positivo, pero lo que se ha generado con este virus es la sobreexposición a la información, proveniente de diversas fuentes, muchas de ellas no confiables y sin evidencia científica, pero dado esto se han tomado decisiones personales, e inclusive gubernamentales.
No, el ajo no te protege del Covid.
No, el frío no mata al virus.
No, el virus no muere a altas alturas.
Este virus nos está mostrando las debilidades en nuestros sistemas de salud, ha mostrado las brechas sociales y la profundización de la desigualdad social. La cuarentena es un lujo y muestra estas brechas entre las personas que podemos “encerrarnos” aquellas que han tenido que realizar sus actividades cotidianas para conseguir el ingreso diario.
Ahora estamos debatiéndonos en una falsa discusión, entre salvar vidas o salvar la economía. Richard Baldwin, un reconocido economista, argumenta que es posible aplanar ambas curvas (de salud y económica), pero el rol activo de los Estados es fundamental en optar por medidas de inversión fiscal, dejando de lado intereses políticos [¿esto será posible?]. Posiblemente, en futuros estudios se empiece a discutir el baby-covid (término acuñado por una amiga y compañera del doctorado), aquellos hijos nacidos en este contexto, como una nueva generación.
Hemos llegado al punto que el cuidado está en nuestras manos.
Este invitado inesperado ha llegado para quedarse…y espero no llame a más amigos a la fiesta.
Gracias.

